Déjala al aire.

No odies. No desees el mal a nadie ni quieras el bien ajeno. No te compares con nada ni con nadie. No merece la pena. Tampoco quieras el mal ajeno porque te hayan hecho algo ni tengas cercas a seres tóxicos a tu alrededor. Repito no merece la pena. Perdona, perdonaros a vosotros y dejar salir fuera de vosotros esos sentimientos negativos.

Si puedo vivir en paz, ¿para qué hacerlo en el rencor?, ¿ o en el resentimiento? ¿o con la envidia?… No sirve nada. Además de que siempre estaríamos de mal humor no ellas, repito, no sirve de nada.

Quiero pensar que llegará un día en el que hombres, galletas y animales vivamos en paz en este mundo. Que el odio y la envidia serán erradicadas antes que cualquier enfermedad. Sé que soy utópica, queridos colegas, pero si yo no hago nada por cambiar mi forma de ser, ¿cómo voy a vivir en un mundo mejor?

Lo reconozco, me han herido el orgullo herido. Y me está afectando. También veo que a un par de galletas a las que tengo mucho cariño les ha pasado lo mismo pero siguen adelante, al igual que yo. Si hay esperanza para las galletas… también hay esperanza para ti, colega. Seas de la raza que seas.

Por lo que si algo, alguien o tu mismo, te has herido el orgullo. Limpia la herida, échate mercromina y deja secar al aire la herida. Dicen que así se curan más rápido y el dolor se acaba antes.

Hasta mañana colegas, mañana es martes y a mi me gustan los martes.

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